Bochorno produce ver a todas las autoridades españolas haciendo la ola a un señor feudal. La pela es la pela, de acuerdo, pero nada obligaba al alcalde de Madrid a entregar la llave de la ciudad, como antes hiciera con Muamar al Gadafi. Entonces, hace poco más de tres años, Ruiz Gallardón dijo a Gadafi que se alegraba de "ver a Libia próxima a la comunidad internacional y percibirla como un aliado... en la paz y el rechazo a la violencia, la erradicación de la pobreza... entendimiento a través del diálogo... la protección del medio ambiente... desde un intenso compromiso con los Derechos Humanos". Hoy bombardeamos Libia, nadie sabe por qué, y uno de los que lanzan bombas es precisamente el mismo que se ha quedado con el petróleo de los rebeldes libios: Catar.
Catar, que ni siquiera es un país sino una corporación petrolífera, recibida por toda la nobleza: "La emiresa, te recibimos con alegría, viva la mora, olé mi mare, olé mi suegra y olé mi tía". Barítono del coro, el presidente del FC Barcelona Sandro Rosell, que ha vendido la imagen del club a la tiranía catarí. Y es que la señora Mozah Bint Nasser, la Emiresa, es presidenta de la Qatar Fundation, los que han puesto 165 millones para comprarse el Barca. También es ella quien financia al jeque Yusuf Al Qaradawi, líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, que tiene prohibida la entrada en USA y Reino Unido por predicar a favor de las palizas a mujeres, la lapidación, muerte a homosexuales y judíos, o explicando que Hitler fue un castigo divino para ponerlos en su sitio, pero que se ha exagerado mucho, y que la próxima vez serán ellos, los creyentes, quienes lo harán mucho mejor. Así están las cosas, por más que Pilar Rahola clame en el desierto.
Sherlock, elemental
Hace 19 horas






