Como al 99% de los españoles, me resulta insoportablemente cansino debatir sobre frentepopulismo y franquismo. Estas polémicas artificiales solo sirven para despistar cuando lo requieren los gobernantes o para generar discusiones absurdas con Ramoncín y Lidia Falcón. Que si desentierran o no al dictador, que si lo ponen aquí o allá... sinceramente, ¿qué más da?
Otra cosa es cuando se pretende destruir la reconciliación nacional. Cuando media nación lucha contra la otra media no es posible establecer culpables. Nos resulta lógico y justo que se juzgue a genocidas socialistas como los camboyanos, pero ¿qué hacer si fueron amnistiados en aras de la reconciliación? Sería lo mismo que juzgar hoy a Santiago Carrillo por el holocausto de Paracuellos.
Los tiempos son importantes: causas que la inmediatez hace justas, el tiempo suele convertirlas en inútiles. Principalmente porque nunca hay culpables únicos. Las grandes revoluciones, las guerras civiles, son movimientos de masas donde puestos a culpar no hay nadie inocente.
El cubano Esteban Fernández escribe en el blog de Zoé Valdés un artículo que titula «¡Genocidio!».
Sherlock, elemental
Hace 19 horas






