Un 14,1% de share con 2.247.000 espectadores en la emisión de su primera parte,
El Intercambio. Es un buen dato de audiencia en pleno verano, aunque no llega al 18,9% que se llevó Los misterios de Laura, en la 1 de rtve.
Abordé esta primera parte con desconfianza. Era lo más lógico dado que en la moda de las miniseries se han hecho cosas como ridículos amores principescos y hasta un biopic de la señora que se zumbó a un torero, y cuando de explotar morbos recientes se trata, nos han torturado con alakranas y accidentes de avión. "11-M: Para que nadie lo olvide" es otra cosa, más digna, mejor.
La producción insiste en esa manía española de iluminar todo como una sitcom de estudio (incomprensible, ¿¡qué les pasa con la luz!?), en los mismos sempiternos movimientos de cámara, enfoques de manual y nula creatividad, planos idénticos a los que harían en cualquier otra producción española, desde Hispania hasta Física o Química. La ficción televisiva patria es como una fábrica de longanizas: hay un método y se aplica siempre, huyendo de cualquier novedad, planteamiento arriesgado o trabajo de autor.