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viernes, 12 de octubre de 2012

Día de la Hispanidad catalana


 Puede que no lo sepan pero Cristóbal Colón era español, catalán concretamente. Eso lleva 20 años contando el historiador Jordi Bilbeny, con al menos cinco libros sobre el tema. Su nombre era Joan Colom i Bertran, un noble catalán y corsario que se puso más tarde Cristòfor Colom para no tener problemas por sus andanzas piratas. Bilbeny suele repetir que “se ha manipulado la gesta catalana del Descubrimiento”. No es una novedad, el gran especialista peruano Luis Ulloa lo propuso a mediados del siglo XX, y un poco más tarde Salvador de Maradiaga lo reafirmó añadiendo que el almirante era judío. Lo de judío o gentil tuvo otra derivada: el famoso caza nazis Simon Wiesental escribió en su libro “Operación Nuevo Mundo: La misión secreta de Cristóbal Colón” (1976) que todo el proyecto de América fue en realidad una operación de los reyes de España para encontrar una nueva Israel a los judíos expulsados. Si bien es cierto que el plazo para la expulsión terminaba el 10 de julio de 1492, se permitió extenderla hasta el 2 de agosto a las doce de la noche, es decir, el 3 de agosto de 1942, el mismo día en que salió de Palos de la Frontera (Huelva) la expedición de las carabelas La Pinta y La Niña, y la nao Santa María.


Otras tesis de Bilbeny son que don Miguel de Cervantes era valenciano, Joan Miquel Servent, que escribió el Quijote en catalán pero se lo censuraron (de Franco no dice nada, pero seguro que andaba por allí), el Lazarillo de Tormes es de otro valenciano, Joan Timoneda, que habiéndolo escrito en valenciano tuvo que cambiarlo al español (otra vez Franco), y La Celestina lo mismo, de otro valenciano, don Lluis Vives. El Cercle Català de Negocis presentó un estudio en julio del presente año anunciando que "la financiación de la expedición del descubrimiento de América fue íntegramente pagada por la Cancillería Real Catalana" (quieren decir Cancillería Real Aragonesa, pero les ha dado por cambiar los nombres históricos, como la Corona Aragonesa, a la que llaman “catalano-aragonesa”). Esta tesis, según ellos “demuestra que el expolio tiene un origen histórico que se remonta cinco siglos atrás” (“El expolio”, Artur Masolini 2012). En realidad, los seis cuentos de maravedíes que son en cuenta más gruesa diez y seis mil ducados, los prestó de su dinero y sin intereses el valenciano Lluis de Santangel, escribano de ración en la Corona de Aragón, desde el Reino de Valencia. Posteriormente la corona de Castilla pagó la deuda, y así consta en el libro de cuentas del Archivo de Simancas. Cuando los reyes de España, Isabel y Fernando (todos en pie, mano al pecho) se entrevistaron con Colón en 1486, el marino no llegó a convencerles, y a punto de partir hacia Francia intervino Santángel, amigo íntimo del rey y del marino, ofreciendo su propia fortuna. Los Reyes Católicos pusieron el resto y aceptaron (pueden sentarse). La idea de un Colón español ha calado, incluso los de Omnium Cultural han montado una delegación llamada Centre d'Estudis Colombins dedicada exclusivamente a demostrar su filiación catalana. Desde 2001 se celebra anualmente el “Simposi sobre la descoberta catalana d'Amèrica”, en Arenys de Munt.

Como el ministro Wert no tenga éxito, en breve la Generalitat obligará a estudiar el Descubrimiento solo a partir del segundo viaje, donde había catalanes, y del Quijote solo la segunda parte, en Barcelona. Sea como fuere, en el segundo viaje ya contaba Colón con la ayuda de un jefe militar, Pere Bertran Margarit, un cura, Bernat Boïl como vicario eclesiástico, y el fraile Ramon Pané. Por eso puede leerse al pie de su célebre estatua barcelonesa la siguiente leyenda: "Honorant a Colom, Catalunya honora als seus fills predilectes" (honrando a Colón, Cataluña honra a sus hijos predilectos). Y no es raro, el descubridor cambió nuestras vidas de la mañana a la noche: cada vez que desayunamos esa exquisitez murciana, el pa amb tomaca, lo debemos a Colón, y cada vez que atacamos un plato de mongetes, lo debemos a Colón. 

No sabemos cuál era la lengua materna de Colón. Ya el padre Las Casas notaba que el almirante se expresaba bastante mal en español, pero Las Casas es poco creíble dado que defendía los intereses de la familia Colón y para ello le convenía mantener a su representado como un “extranjero”, no súbdito de la Corona. De italiano hay apenas un par de notas mal escritas, como en latín, y de portugués muchos modismos. Colón se carteó intensamente con sus hermanos Bartolomé y Diego, con autoridades españolas, con genoveses e italianos importantes, y lo hizo siempre y únicamente en español. El principal estudio al respecto es de don Ramón Menéndez Pidal, y sus conclusiones son abiertas pero académicas: Colón era genovés, sin ninguna duda, tal y como demostraron sobradamente a principios del siglo pasado, primero el académico Ángel Altoaguirre, y después el profesor Giovanni Monleone, pero Menéndez Pidal añade que fue en Portugal donde Colón adoptó la lengua española como propia. Descarta las teorías sobre su galleguismo y le merece poca credibilidad la hipótesis de una familia judía española que emigró a Génova. “Lo primero que saltó a mi vista fue el hecho inesperado de que el gran descubridor usase el español antes de ir a Castilla. El primer escrito fechado que tenemos de Colón está en español y es de cuatro años antes de que el descubridor entrase en el reino de Fernando e Isabel”, dice Menéndez Pidal en “La lengua de Cristóbal Colón” (1942), pero inmediatamente después añade sobre la hipótesis de su españolidad: “No perdamos el tiempo en ella”. Para hablar es más que posible que utilizara el latín comercial, una jerga que provocaba grandes carcajadas entre los españoles y a la que llamaban latín genovisco,  o la lingua franca, una parla marinera mezcla de varios romances, que era muy usada en aquellos años mientras los españoles nos extendíamos por el Mediterráneo: Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles, Atenas y Neopatria eran España. En definitiva, un latín romance, que es lo que seguimos hablando todos desde Lisboa a Barcelona.

Es muy triste pasar de ciudadanos a miembros de la tribu. Principalmente porque la única razón de ser de la tribu es proporcionar vírgenes al jefe y ofrendas al brujo. De la ley a la magia, del derecho a la mística, en eso consiste olvidarse del raciocinio para hacer bandera del sentimentalismo tribal. Don Cristóbal Colón representa exactamente lo contrario, es el hombre que nos sacó de la tribu cual Moisés, sin llegar él mismo a percibir la tierra prometida, es el hombre que convirtió al español en un arquetipo universal y el español en una de las lenguas vehiculares del mundo. Que Colón nació en Génova es casi seguro, que fue un gran español, seguro del todo.

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