sábado, 24 de diciembre de 2011

11-M La secretaria ciencióloga excuñada y el novio discotequero

Ya, parece de risa, pero es lo que hay. En torno a esto giran las últimas chorradas conspiratorias a propósito del 11-M. Una juez peculiar, la disputa por hacerse con una discoteca, una secretaria judicial de la secta Cienciología que se va de vacaciones como todo quisque, cuñada de su cuñado hasta que dejó de serlo, un novio de la juez al que esta pone a cargo de la discoteca, espías, detectives y un juzgado manga por hombro que parece el camarote de los hermanos Marx.

En eso estaban todos los medios conspiranoicos hasta que habló Rajoy. Gran cisma. Soraya Sáenz de Santamaría, de "los sorayos", Jorge Fernández Díaz, católico más odiado que Dívar, Alberto Ruiz Gallardón, el que no aceptó callar ante sus barbaridades, todos ministros. A los clásicos les confirma la gran conspiración de todo-todo el mundo contra ellos, y a los advenedizos aduladores del PP y al tiempo conspiracionistas les hunde la paraeta.

El presidente se presentó, leyó su lista de ministros en treinta segundos, dio las gracias y adiós, a currar. Al rato los ayatolás de las ondas se desgañitaban, menos Intereconomía, reconvertida en Interpelotomía que aspira a ser La Sexta, los más pelotas con el que manda.


Soraya Sáenz de Santamaría es la mujer más poderosa del país tras aguantar años de pretendidas burlas e insultos, Jiménez Losantos la ridiculizaba cada día y apodó al equipo del hoy presidente como "los sorayos". Claro que, como dice Girauta, Soraya es un portento, y en sede conspiranoica se rasgan las vestiduras porque la niña de Rajoy tiene en su mano, entre otras muchas cosas, la casa de los espías y cloacas varias. Todo era parte de la estrategia para quitar a Rajoy y ponerse ellos, con lideresa al frente. Y fue precisamente la lideresa Aguirre (quien, por otra parte, es un político sobresaliente) la que otorgó bula para insultar a su enemigo, Gallardón, lo que costó una condena al vocero de Esperanza por injurias graves. ¡Gallardón ministro de Justicia! Berrean entre alaridos de pánico. Reconozcamos, eso sí, que el locutor nos dejó algunos de los momentos más surrealistas de la radio. No menos odioso le es el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, que tampoco aceptó plegarse a las chorradas conspiratorias. Dice Losantos que si Fernández Díaz cumple con su deber, será un milagro más grande que la más famosa de las revelaciones de Fátima, la conversión de Rusia. Lo de Gallardón en Justicia debe parecerle más difícil que la resurrección de Lázaro, y con Soraya se conforman conque diga que el gobierno siempre colaborará con todos los tribunales en todas las causas abiertas buscando siempre la verdad. Si una vicepresidenta del gobierno dijera lo contrario, estaríamos en Venezuela.

Soraya es un mujer hecha a sí misma, salió de Valladolid a León, desde donde, hace once años, mandó un curriculum, cogió el autobús de línea y se plantó en Madrid, se entrevistó con Francisco Villar, y el director de gabinete del entonces vicepresidente Rajoy le dijo aquello de "nena, tú vales mucho". Alberto Ruiz Gallardón no tiene nada que ver, estaba predestinado. Es fiscal de carrera, segundo puesto en la XXVIII Promoción de fiscales de 1982, y con una familia dedicada al derecho. Hijo de José María Ruiz Gallardón, abogado y político, uno de los monárquicos detenidos en 1956 por aquel conato de Congreso de Escritores Jóvenes (junto a Sánchez-Mazas, Ridruejo, Múgica o Tamames), sobrino de José Jiménez Villarejo, magistrado del Tribunal Supremo, padre de Trinidad Jiménez (prima hermana de Alberto) y hermano del fiscal "indignado" Carlos Jiménez Villarejo. Y Gallardón es también primo de la fiscal Olga Sánchez. Vamos, que lo raro hubiera sido nombrarle ministro de pesca.

En realidad, mucho más interesantes que los victimismos habituales de Libertad Digital, serán los equilibrios sobre el alambre de los demás medios conspiranoicos. Pensábamos que nadie podía ser más pelota que Pedrojota -sus defensas de José Bono o Zapatero son ya míticas entre las hagiografías y santorales- pero eso fue mientras el PP estuvo en la oposición. Ahora que los populares reparten licencias y publicidad institucional, nadie supera en servilismo a la cadena de Ariza, Interpelotamía -como la llaman en el gobierno.

A ver cómo resuelven los jardines en que se han metido ellos solitos. Les pierde el ansia viva. Uno de los más sonados está siendo el la juez Coro Cillán que instruye una denuncia contra el comisario Sánchez Manzano y la perito tedax, para intentar salvar a Losantos en las varias querellas que tiene pendientes de juicio.

La juez de esta irrelevante querella se ha convertido para Intereconomía en "la juez del 11-M", víctima de una "trama para echarla de la carrera judicial" por una (otra) conspiración del PSOE y "la izquierda radical", que "forman parte de una persecución por estar investigando un tema tan sensible y de enorme relevancia como es el atentado del 11-M". Hasta le han montado una recogida de firmas pidiendo cesar "todas las diligencias sancionadoras hacia su persona" y "el acoso que está sufriendo".

Papel estelar reservan para la secretaria judicial, que ha hecho cosas tan graves para los conspiranoicos como cogerse vacaciones cuando le toca o haber sido en algún momento de su pasado cuñada de un político socialista. Escándalo mayúsculo, a decir de estos iluminados, que la acusan de largarse para que no declare "un testigo relevante del 11-M". Lo de que la secretaria fuera, o siga siendo, ciencióloga, no parece haber llamado la atención. Cosa rara, el negocio conspiranoico subiría como la espuma si además meten por medio alguna secta destructiva. Pepe Rodríguez, en sus libros denunciando la alienación sectaria, llama a Sacramento Fernández Vivancos "la encargada de asuntos legales de la secta", la que redactó los documentos confidenciales para perpetrar la estafa de Narconón, y consta en las conclusiones de la Fiscalía como uno de los miembros de la secta que "no han podido ser acusados en la presente causa" (la de 1994, que terminó con media plantilla en la cárcel y todos sus centros clausurados). El otro gran juicio contra la secta en España no pudo llegar a su fin y saltaron graves casos de corrupción que incluyeron a algún político, jueces y fiscales, algunos denunciados por prevaricación como el juez Ismael Moreno Chamarro y la fiscal Mª Dolores del Prado, causa en la que se abre pieza separada donde consta Sacramento Fernández.

Tras semanas dando la matraca resulta que la gran conspiración se resume en un conflicto para quedarse con una discoteca madrileña, en la que la juez ha puesto como administrador judicial a su propio novio. El Servicio de Inspección intervino proponiendo la apertura del expediente, lo que se remitió al fiscal superior de Madrid para incorporarlo a las diligencias que ya tenía abiertas la juez, y la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial acordó abrir expediente disciplinario a Coro Cillán, por tres faltas muy graves y una grave en el ejercicio de sus funciones. Se suman estas denuncias a otras muchas sobre la juez Coro Cillán, expedientada en 1999, en 2001, y sancionada con suspensión de funciones durante dos años.

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