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martes, 3 de noviembre de 2009

Violación y aborto

En España apenas el 0,01% de todos los abortos se practican en el supuesto de violación. Es decir, de los 112.138 abortos de 2007, uno fue por violación; de los 101.592 en 2006, otro. De los 305.394 abortos realizados entre 2005 y 2007, 3 han sido por violación. Hablar de supuestos generales en este caso es fútil. Cada persona en cada circunstancia es un caso distinto.
De nuevo, el más débil a proteger es el bebé, aunque circunstancias tan terribles para cualquier mujer hacen complicado tomar una posición ética, más allá de la empatía, el apoyo y la compasión sea cual sea el resultado. No obstante hay que decirlo, alguien tiene que hacerlo. Quienes miran por bien del hijo consideran que su vida es lo más importante; quienes solo miran por el bien de la madre piensan que evitarle molestias es lo principal. Hay una tercera vía: buscar el bien de ambos.

El trauma estará ahí, con o sin hijo, pero si a la violación le sumamos la muerte del bebé, no solo no servirá para arreglar las cosas sino que antes o después pasará factura a la madre. El aborto no solucionará la violación previa, violará de nuevo a la mujer y matará un bebé que no tiene culpa alguna.
No es difícil comprender a una familia que asiste, en países con pena de muerte, a la ejecución de algún asesino que quitó la vida a sus seres queridos. Condenar moralmente a esa familia sería un error, pero el asesinato de un asesino sigue estando mal, sigue siendo un asesinato. En el caso de aborto por violación, el bebé intrauterino paga por la maldad de su padre biológico. Si una mujer violada decide abortar, no seré yo quien la condene, ni moral ni legalmente, ni creo que nadie pudiera. Es, no obstante, un crimen que se debe intentar evitar mediante la protección, comprensión y todas las medidas sociales necesarias, que pasan por el acogimiento socio-psicológico, una ley de adopción eficiente y gratuíta, y todas las medidas económicas necesarias para que la madre no sea abandonada a su suerte.
Teniendo auténticas leyes de protección hacia la mujer y un eficiente sistema de adopción, el "problema" queda reducido al proceso de embarazo. Claro que las leyes del holocausto abortista no están hechas para favorecer a las personas sino a las grandes multinacionales eugenésicas. Por eso en España el 97,92% de los abortos se practican pagando, en centros privados.
Hay otro aspecto más repugnante: la presión social e incluso familiar sobre la mujer y su bebé que, sin decirlo explícitamente, tiende a criminalizar a las víctimas sacando lo peor de los sentimientos de culpa, hipócrita vergüenza y el qué dirán.

No hay apenas testimonios de mujeres que hayan pasado por el trance de quedar embarazadas tras una agresión. Recojo 3 con distintas circunstancias y resultados:
Julie Makimaa
"Mi nombre es Julie Makimaa y si el aborto hubiera sido legal en 1964 yo no estaría aquí hablando. Fui adoptada cuando era una bebita en California y criada allí hasta 1979, año en que mis padres se mudaron al norte de Michigan. Poco tiempo después me casé y comencé a buscar los papeles de adopción para encontrar la identidad de mi madre biológica. Tres años y medio más tarde nos reunimos y desde entonces tenemos una relación muy especial. Mi esposo y yo éramos pro-vida antes de que yo conociera a mi madre, pero por primera vez pensamos acerca de los embarazos por incesto o violación y si el aborto se debía permitir en estos casos. ¿Pero cómo podría yo apoyar el aborto? Verdaderamente estaría negando mi propia vida, mi propia existencia. Opino que todo niño tiene un propósito especial en la vida y el derecho a vivir, ¿qué importa cómo comenzó nuestra vida?

Verdaderamente hay dos víctimas. Como sociedad hemos tratado a estas mujeres y a sus hijos como si fueran los criminales, ¡y esto tiene que terminar! Opino que debemos ofrecerle nuestra compasión y ayuda a las mujeres y a sus hijos, y nunca debemos siquiera pensar en el aborto como una ayuda ... muchas mujeres que han abortado un embarazo producto de una violación, se han encontrado con que los efectos posteriores del aborto son mucho más devastadores que los del ataque sexual".


Kay Zibolsky:
"Fui violada a punta de un cuchillo a menos de una cuadra de mi casa, cuando tenía sólo 16 años. Mi asaltante desconocido se perdió en la noche, dejándome herida después de haberme amenazado para que no le dijera nada a nadie. Por 27 años no lo dije nunca, excepto a mi esposo muchos años después. Concebí y dí a luz a una niña después de la violación, era preciosa, y es lo único bueno que resultó de aquello.
Cuando Robin tenía 18 meses la dí en adopción, pero Dios tenía un plan especial y nos conocimos cuando ella tenía 27 años, después que mi propio proceso de sanación me había preparado. Sus primeras palabras para mí fueron: ´caramba me alegro mucho de que no te hayas hecho el aborto´. Robin resultó ser una parte importante del proceso de sanación, y le doy gracias a Dios hoy en día porque no hice nada en mi juventud por lo cual hubiera tenido que sufrir el resto de mi vida, a que no le hubiera dado la oportunidad a mi hija de decirme aquellas conmovedoras palabras. El mal llamado aborto ´legal y seguro´ la hubiera silenciado para siempre".


Jackie Bakker:
"Cuando tenía 19 años fui violada a punto de pistola, me sentí sucia, usada y robada de toda mi dignidad. Menos del uno por ciento de las mujeres que son violadas salen embarazadas, pero yo fui una de ellas. Primero me negaba a creerlo, pero mi cuerpo comenzó a sufrir cambios, y me di cuenta de que ya no podía ocultarlo por más tiempo: estaba embarazada. Pensé que tenía que haber un modo fácil para salir de eso.

Recién me habían entrevistado para una posición en un trabajo, pero más que el riesgo de perder el trabajo, me preocupaba el tener que dar a luz al hijo del hombre que me había violado. Cuando mi hermana me sugirió el aborto me sonó como la solución perfecta. El aborto todavía era ilegal, pero mi hermana hizo los arreglos. Conocí a un hombre que me llevó a la oficina de un médico, pero éste me dijo que no me podía hacer el aborto porque tenía una infección tan fuerte en la garganta, que si me llegaba al útero podía morirme. Por lo tanto, me envió a mi casa y tuve que vivir con el hecho de que estaba embarazada y seguir adelante.

Más tarde me encontré un médico que me ayudó a ver que la vida es valiosa. Comencé a sentir amor y aceptación por mi bebé, especialmente después que lo sentí moverse. Me alegré por la nueva vida que llevaba dentro de mí y casi me olvidé de cómo había comenzado.

Cuando finalmente se lo dije a mis padres, mi papá se horrorizó de que estuviera embarazada, especialmente de un violador. Otro médico nos puso en contacto con la International Planned Parenthood (multinacional Anti-Vida), donde me dijeron que el aborto era ´la única solución´ y no me ofrecieron alternativas. Les creí cuando me dijeron que mi pesadilla pronto acabaría y que podría continuar con mi vida después del aborto ´como si nada hubiera sucedido´- Mis padres me hicieron testificar ante el Fiscal sobre la violación para que pudiera tener un aborto legal, pero cuando éste fue aprobado ya yo tenía 22 semanas de embarazo y quería conservar a mi bebé. Sin embargo, sentí una terrible presión de todos, especialmente de mis padres, y al fin cedí. Me inyectaron una solución salina y 18 horas más tarde ... dí a luz a una pequeña bebita que estaba totalmente formada y era perfecta ... esperaba que comenzara a llorar y que estuviera viva.

Sentí un vacío que nadie puede llenar al descubrir que los efectos del aborto continuaron, mucho tiempo después que los recuerdos de la violación. Por los próximos tres años experimenté horribles depresiones y pesadillas. Al contrario de todo lo que me habían dicho, era mucho más difícil lidiar con el aborto que con la violación. La violación fue un crimen terrible contra mí, una víctima inocente, el aborto fue la matanza de mi hijo inocente, y yo participé voluntariamente. Traté de convencerme a mí misma de que tenía una buena razón para abortar, después de todo había sido violada, pero el dolor no me dejaba pensar sobre ésto".



“El 80% de las mujeres violadas en el genocidio ruandés sufre un trauma perpetuo”. De los casos de violación no llegan al 1% los casos de embarazo.
Godelieve Mukasarasi, presidenta de la organización de mujeres víctimas del genocidio ruandés, Sevota:
Muchas de las víctimas de violaciones quedaron embarazadas y tuvieron niños fruto de esos crímenes, entre 2.500 y 5.000 niños y niñas. Según Godelieve Mukasarasi, las que han recibido tratamiento psicológico “han aceptado su situación y hoy quieren a sus hijos, pero hay miles de mujeres que rechazan a sus propios hijos y son niños traumatizados”, que son repudiados por la sociedad y “por sus hermanastros en los casos en los que las mujeres habían sido madres en su matrimonio”.


Los hijos del odio en Bosnia.
Se desconoce cuántas mujeres fueron violadas durante la guerra de Bosnia (1992-1995), pero las estimaciones hablan de al menos 20.000, la mayoría de ellas musulmanas, aunque también hubo serbias y croatas, y las ONG estiman que unos mil niños nacieron de esos abusos.

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