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miércoles, 30 de enero de 2008

Tears in the rain: CYBORG

TEARS IN THE RAIN.
“I´ve seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-Beams glitter in the dark near ... all the Tannhäuser Gate. All those... moments... will be lost in time... like tears, in the rain. Time to die”.


“Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos… momentos… se perderán, en el tiempo… como lágrimas, en la lluvia. Es tiempo de morir”.
En “¿Sueñan los androides con ovejas mecánicas?” (1968) el genio Philip K. Dick “retiraba” a unos seres biónicos con fecha de caducidad. Fue cuando Ridley Scott hizo su versión en 1982 que incorporó el nombre Blade Runner, quizás como un guiño a "Bladerunner, A Movie", el tratado de cine de William S. Burroughs con el que K. Dick compartía aficiones (ponerse ciego experimentando con drogas, por ejemplo). También es entonces que surge el nombre “Replicante”, hasta el punto de que la propia novela lo incorporó en las siguientes ediciones como un hallazgo, pese a que K. Dick murió antes del estreno.
En Dune, Frank Herbert mostraba un “Gola” (a su vez tomado de El Golem), un ser replicado tras su muerte. Orson Scott Card introducía en su mejor obra a Jane, la amiga de Ender, una consciencia universal desarrollada como ente vivo a partir del futuro Internet galáctico…

Pero realmente: ¿de qué estamos hablando?
El positrón fue descubierto en 1932, aunque se atribuye a Paul Dirac que ya en el año 1928 la formuló y predijo. Isaac Asimov cuenta que introdujo el “cerebro positrónico” en sus primeras historias de robots (1939 y 40) contraponiéndolo a “electrónico”. Esponjoso, de platino e iridio, añadía Asimov que “sólo hacía 4 años que se había descubierto” (eran algunos más, pero ya sabes que el buen doctor tenía sus debilidades de prima donna).
Los avances en los 50´s descartaron lo de “cerebro positrónico” para llegar a un cerebro donde microscópicos chips sustituirían a las neuronas. Hasta entonces, ningún problema: un robot era un robot, y un humano… Simplemente humano.
Hoy se hace más compleja la distinción.

En Valencia se implantó la primera mano biónica de Europa, y hace unos días la 2ª en Barcelona. Cuando pensamos con el teclado delante, tenemos a nuestra disposición una “memoria artificial” que enriquece cualquier discusión; esa misma es la relación entre Ender y Jane, pero en lugar de teclado basta con un pequeño implante que sopla cualquier dato y permite acceso a cualquier sitio: somos biónicos. Esa combinación donde los límites se pierden no tenía nombre. Asimov pensó en “orbot”, “orgabot”, robot-organismo o “robotanismo”… Hasta que Norbert Weiner sacó un nombre de éxito, la cibernética (ciencia de los ordenadores), e Isaac Asimov vio la luz:
Organismo cibernético”, es decir: CYBORG (como decía el maestro: "suena muy bien").

Todos admitimos que cualquier parte de la persona podrá ser sustituida en un futuro… Cualquiera ¿menos el cerebro? Y a la inversa, un robot podrá acercarse a lo humano (como Data en Star Trek), pero, eso que nos convierte en humanos, ¿qué es? El hombre del bicentenario, de Asimov, intentaba una respuesta. El maestro, en ésta ocasión, se quedó muy corto, pues para él había dos posibilidades:
1) Cerebro neural en cuerpo robótico.
2) Cerebro robótico en cuerpo humano.
¿A quién de esos dos individuos le concederían derecho a voto?

Cuando nos conectamos a Internet, ¿no estamos siendo robóticos? ¿No ampliamos artificialmente nuestro cerebro? Y eso, llevado al infinito, ¿no nos convierte en cyborgs?
Al revés: si hubiéramos introducido el cerebro de Einsten en un estupendo y longevo cuerpo robótico, ¿no sería también un cyborg?
De pensar que hay quien hace diferencias por distintos colorines en la piel de los demás, asusta sopesar la idea de lo que podría pasar con individuos así.

Por eso, por éstas razones he largado todo el rollo anterior; para recomendar la mejor serie de ciencia ficción filmada de todos los tiempos, que ya puede adquirirse hasta su tercera temporada completa:
BATTLESTAR GALACTICA 2003.
Aquellos viejos cyborgs de Asimov cuentan ahora con la ingeniería genética y, cómo no, con la clonación. Son los Cyclon. Por cierto, Edward James Olmos, el comandante de la Estrella de Combate Galáctica, fue primordial para crear la "Interlingua" con su papel en Blade Runner, donde la cultura y lenguas orientales nacieron (nada que ver con 1984) y siguen siendo universalmente reconocidas en series como Firefly (Serenity) donde el saloon de ese far west espacial está rotulado en Chino y las palabrotas se dicen en mandarín.

Felices sueños...

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