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lunes, 9 de mayo de 2011

El nazismo, Iglesia y Pío XII

Periódicamente me encuentro con algún comentario negativo sobre la actuación de la Iglesia ante el auge del nazismo alemán. Concretamente acusan a Pío XII de antijudío, casi de connivencia con los nazis. No falla, a los que hacen dichos comentarios sabiendo que mienten, se suman otros tantos que, de buena fe, creen decir la verdad, víctimas de otra descabellada teoría conspiratoria. El origen de esta leyenda negra es muy claro: 1963, El Vicario, obra teatral de de Rolf Hochhuth. Antes de esa fecha Pío XII era el mayor defensor de los judíos en Europa, a mediados de los 60 comienzan los bulos, que continúan hasta ahora mismo con la versión cinematográfica de Costa Gavras, Amén (2002). Desde 2007 se sabe que, a imagen de lo que hicieron con los Protocolos de los Sabios de Sión 60 años antes, El Vicario fue una operación de desprestigio ordenada por Nikita Khrushchev que llevó a cabo la KGB en 1960, tal y como reveló el general rumano Ion Mihai Pacepa. Basta con leer un poco, cosa que recomiendo a los alegres opinadores, para saber que se trata de una campaña absolutamente difamatoria basada en mentiras. Una más de quienes reescriben la Historia, siempre los vencedores, en este caso soviéticos.

Al terminar la guerra, el Gran Rabino de Roma, Israel Zolli, se convirtió al catolicismo y tomó como nombre de pila Eugenio, en señal de gratitud a Eugenio Pacelli, Pío XII, el Papa que llegó a ofrecer en septiembre de 1943 los bienes del Vaticano como rescate de judíos en poder de los nazis. El Congreso Judío Mundial hizo un generoso donativo al Vaticano en 1945, como agradecimiento al Papa por los miles de judíos que salvó escondidos en el Vaticano, en Castelgandolfo, y en centenares de templos y conventos. Ese mismo año, el Gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, envió a Pío XII una bendición especial «por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia». Cuando el Papa murió en 1958, Golda Meir, la que sería primer ministro de Israel (entonces ministra de exteriores) pronunció un elogioso discurso ante la ONU:

"Compartimos el dolor de la humanidad por la muerte de Su Santidad Pío XII. En una generación afligida por guerras y discordias, él ha afirmado los altísimos ideales de la paz y de la piedad. Durante el decenio del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufría un terrible martirio, la voz del papa se elevó para condenar a los perseguidores y apiadarse de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se ha visto enriquecida por una voz que expresaba las grandes verdades morales más allá del tumulto de los conflictos cotidianos. Lloramos a un gran servidor de la paz."

Albert Einstein, también judío, en una entrevista en Time Magazine:
"Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad. Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral".
La lucha de la Iglesia contra el nazismo no salió gratis, más de 5.500 religiosos fueron deportados a los campos de concentración, solo en Italia 729 sacerdotes, y hubo al menos 58 grandes santos que sufrieron martirio, como Santa Edith Stein o San Maximiliano María Kolbe.

El domingo 8 de mayo, Juan Manual de Prada presentó en su programa Lágrimas en la Lluvia la película Sophie Scholl: Los últimos días (2005), con dos osos de plata en Berlín y nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2006. Cuenta una parte de la Rosa Blanca, la organización católica que en Alemania representa hoy día el símbolo de la lucha contra la tiranía. Plazas, calles, centros cívicos o colegios llevan su nombre o el de cualquiera de sus componentes, como lo fue Sophie Scholl. La película y el debate que hubo a continuación no tienen desperdicio. Altamente recomendable, se puede ver o descargar aquí.

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