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domingo, 5 de septiembre de 2010

La izquierda 2: una definición


Me proporciona un amigo su voluntarista definición de izquierda, evidenciando esa buena voluntad que manipulan los dueños del negocio: “La izquierda es un sistema que pretende redistribuir la riqueza a través de la intervención estatal”.

Es decir, exactamente la ideología de los cuatro jinetes del apocalipsis: el socialismo -padre de todos- comunismo, fascismo y nacional socialismo. La victoria, la guerra, el hambre y la muerte.
Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros... y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.

Por esto es perfectamente coherente que sindicatos verticales como CCOO-UGT defiendan a ultranza la legislación laboral de Falange (el Fuero de los Trabajadores), que "la izquierda" no quiera otra sanidad que la implantada por el franquismo y multiplicada por 17, para tener equipos "expertos" inversamente proporcionales respecto al número-calidad. La educación pública, también herencia franquista (basada entonces en órdenes religiosas), de ínfima calidad (informe PISA) y tres veces más cara que la privada (datos en Navarra 2005: pública, 6.991 eu/niño y año; privada, 2.397 eu/niño y año). Toda la izquierda contra el cheque escolar, no sea que a la gente le dé por elegir, y la gran estafa de una universidad en cada pueblecito. En definitiva, todos los partidos defienden un super-Estado de funcionarios a dedo y nuestro sistema de banca pública, las cajas, que son simplemente banca de partidos, los nuevos señores feudales.



Desde este punto de vista, es tan "de izquierdas" el gobierno de la nación como el ayuntamiento de Madrid. Más estatalista aún son los sucesivos gobiernos del PNV y CiU, con redes clientelares parejas a las de ERC o el PSOE andaluz. Ese control estatal de las mentes se plasma tanto en la televisión del PP en Valencia como la del PSOE en Castilla-La Mancha.

"No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto". -Ayn Rand


Es el Estado metido a empresario, terrorífico pero no suficiente. Para llegar a su funcionamiento óptimo, el Estado opresor debe ser, también, ideólogo, crear alianzas de "civilizaciones" (que es como llaman a las cleptocracias tiránicas). Esa extraña pareja que forman izquierda e islamismo es, en realidad, perfectamente lógica. Son dos ideologías colectivistas que no creen en el individuo.

En 1959 el Estado chino decide intervenir la agricultura (el artículo de Wikipedia es penoso, no acierta ni una). Hay comida para todos pero unos comen más que otros, así que el Estado expropia todos los huertos y cultivos para ocuparse de su reparto: en un par de años, 40 millones de personas murieron de hambre, especialmente los niños. Es la izquierda.

En 1978 Mengistu Haile se convirtió en el nuevo héroe de la izquierda mundial, icono de los progresistas que hacían camisetas con su cara y la del Che. Apoyado por el Movimiento Socialista Panetíope, Cuba y la URSS, llevó a cabo en Etiopía una Campaña Nacional de Desarrollo Revolucionario, a base de granjas estatales y nacionalización de la industria. Su resultado fue (además del Terror Rojo) la Gran Hambruna Etíope que impactó al mundo entero porque, al contrario que la Hambruna China, la Hambruna del Volga (1921-1922: 7 millones de muertos), la Hambruna de Ucrania (1932-1933: 9 millones) o la de Corea del Norte (1995-1997: 2 millones), lo de Etiopía se pudo ver en televisión. Mengistu está condenado por genocidio, pero vive alegremente en Zimbabue protegido por Robert Mugabe, por el que hacían brindar al Rey de España en los ochentas, el amigo de Ahmadineyah contra la "satánica presión" de Occidente. Si la gente no muere a millones de inanición, son inevitables las cartillas de racionamiento (como en Venezuela y Cuba), la violencia extrema con los ciudadanos (como en Cuba y Venezuela, esta última con 19.113 civiles asesinados en 2009, cinco veces más que en Iraq con la misma población), y los héroes que mueren en huelgas de hambre (como en Venezuela y Cuba).

Al golpista sucesor de Mengistu, Meles Zenawi, lo recibe en Ferraz Zapatero como un amiguete más. Normal, Zenawi es calificado como "progresista" por el PSOE (y como sangriento tirano represor por Human Right Watch). El matón progresista acudió invitado a la Conferencia Internacional African Progress de Madrid, julio 2010, un encuentro del PSOE con "líderes progresistas africanos". Nada raro, suelen aprovechar el estío para encontrarse con gente así: solo durante el mes de julio, el gobierno ha tenido encuentros con altos cargos de Etiopía, pero también de Libia, Siria, Ruanda, Irán. Nos faltó Corea del Norte.

Las representantes del PSOE, Pajín y Valenciano, terminaron el verano encontrándose con sus amigos de la dictadura militar cubana («No conocemos a nuestros homólogos, a los responsables de las relaciones internacionales del Partido Comunista de Cuba». -dijo Elena Valenciano). A las Damas de Blanco ni verlas, ni agua, que no son homólogas, afortunadamente. No es un gobierno democrático tratando con otro tiránico, son grupos afines de la izquierda, progresistas encantados de conocerse. Una cosa es que el gobierno defienda los enooormes intereses económicos españoles en Cuba o Marruecos, y otra bien distinta que la planetaria Cal-lo Jezú Pajín se dé besos y abrazos con los carceleros de la isla-prisión. Como dicen los cubanos (Zoé Valdés): "Putear siempre será más digno que el colaboracionismo fascista". En fin, progresista era el ayatolá Jomeini, ya lo escribió Rosa Montero, y progresista era Sadam Hussein según el panfleto zapateril, Público: "Los progresos sociales de un régimen laico", toma ya. Son los progres, la forma que adopta el fascismo en el s.XXI.

Se trata de sustituir los derechos humanos, individuales, por fantasmales derechos colectivos, cuyos titulares se erigen como lobys de poder manipulando mediante la propaganda. Estos lobys "sociales" se adaptan igualmente a la identidad nacional como a la de clase, sustituyendo y anulando al ciudadano, en campos tan diversos como el nacionalismo o el trabajo. Así, unos pocos -el aparatich- son "los saqueadores" (Ayn Rand) a costa de la gran mayoría expoliada. Apartan a trabajadores, pensionistas y parados sustituyéndolos por sindicatos verticales que representen a una aristocracia entre las grandes empresas y los funcionarios. De este modo el sindicato vertical CCOO-UGT-CEOE se erige en "representante de los trabajadores", saqueando 7.000 millones anuales en supuestos cursos de formación que encadenan robos y fraude, tras timos y fraude, tras fraudes y saqueos, siempre con las tres siglas por medio: CCOO-UGT-CEOE. Para mantener esa aristocracia crean todo tipo de entramados que llaman "públicos" y sus propagandistas del régimen. Estos, los propagandistas, se comen las críticas siempre que sean bien remuneradas, como es el caso de la SGAE, posibilitando el sistema de SICAV para las grandes fortunas (Pedro Almodóvar con Oyster Inversiones). La misma función tienen el medio centenar de televisiones “públicas” (o sea, del que mande), el PER andaluz, las millonadas tiradas en el carbón o el parque temático de Rodiezmo (¡En pie pueblo obrero, a la batalla! ¡A las mariscadas!), manteniendo de esta forma un voto cautivo en la miseria controlada. Y todos cantan sus canciones con el puño cazando moscas y el Rolex bajo la manga. Todos no, la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSI-F) tuvo que romper relaciones con el sindicato vertical, y ahora denuncia las super-empresas públicas de Castilla-La Mancha, creadas ad hoc para colocar a lo que llaman "políticos desfasados y amigos de la nomenclatura".

Para mantener esa ficción, el poder se reparte entre los mismos perros con distintos collares. Unos se dicen de izquierdas y otros de derechas, siendo prácticamente los mismos. Estatalistas en mayor o menor medida, según (les) convenga a los políticos profesionales y a sus lobys correspondientes (siempre queda votar por lo menos malo o para echar al incompetente). Intervencionismo para la servidumbre, como describió Friedrich A. Hayek con aquel aviso "a los socialistas de todos los partidos". Por esto resulta imposible calificar a Hayek o Ayn Rand como de izquierda o derecha, dado que semejante división es pura mercadotecnia para mantener el rebaño controlado.

PS Para la izquierda moderada el discurso sobre el cataclismo ZP es distinto: hizo lo que pudo, mientras pudo, para proteger a los más desfavorecidos. Por esto, la siguiente entrega será un repaso a esas presuntas "medidas sociales" tan antisociales.

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