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viernes, 23 de mayo de 2008

Hazte integrista muslim

La última entre hispanos que combina supuesta progresía con radicalismo antisistema es hacerse musulmán... Pero ¡ojo! Nada de paños calientes y creencias tibias, que ya se sabe cómo son los conversos: salafismo integrista, nada menos.

La fe de los conversos.
El converso, por pura psicología, se ve impelido a niveles de extremismo que raramente alcanzan quienes viven una fe desde la tradición. Así nació la Inquisición en España: se llama "ley del péndulo". Si a esto sumamos la juventud y rebeldía de los nuevos creyentes tendremos la mezcla perfecta para el integrismo. Como pasa siempre entre los más jóvenes, nace su movimiento desde el idealismo antisistema, fuertemente contrapuesto a la fe de sus padres que identifican con el conformismo. Es una impostura que ha sido estudiada en todos los ámbitos y que encuentra siempre nueva tierra donde plantar semillas. Sus hijos o nietos, posiblemente, se levantarán contra ellos tal y como estos hacen ahora; tal y como ya ocurrió cuando el Profeta reclutaba jovencitos rebeldes de sectores marginales o entre las familias ricas.
Según Iván Jiménez Aybar, abogado experto en colectivos islámicos en España:
"No hay un único perfil. Pero es cierto que muchos son jóvenes que llegan al islam procedentes de movimientos antisistema, aunque también abundan mujeres que se han convertido después de casarse con musulmanes".

Su ideal y objetivo primero sería instauración de un Califato.

El pequeño reportaje lo publicaba el domingo Antonio Baquero, en El Periódico de Aragón. Con algunas inexactitudes el artículo confunde nicks u organizaciones islámicas, y habla sobre los foros en que se está desarrollando esta "religión virtual". Los miembros de esas comunidades de internautas se quejan de la poca comprensión que se muestra desde los medios "imperialistas", "sionistas" o simplemente "occidentales".
Quizá lo mejor sea echar un vistazo a lo que predican en primera página los nuevos conversos:
Mujer y feminismo en el Islam.
Existe el prejuicio, debidamente alimentado y atizado por los medios masivos de difusión al servicio del imperialismo, de que la mujer es poco menos que esclava en la sociedad islámica; y el blanco preferido de esta crítica es el pudor de la mujer musulmana que cubre su cuerpo y no lo exhibe como en un escaparate.
Lo que en otra época, en una sociedad más sana, se hubiera valorado como un signo de virtud y nobleza, hoy, invirtiendo los valores, se denuncia como degradación y humillación. No olvidemos que la mujer musulmana hoy, como hace catorce siglos, se viste igual que lo hacía María, la madre de Jesús, la paz sea con ambos, a quien cualquier mujer occidental cristiana dice venerar pero no imita.
La realidad que se esconde detrás de esta situación es muy otra. La mujer occidental moderna es un pobre ser esclavo de la moda y de un estereotipo femenino artificial. La mujer vale solamente por su cuerpo y su apariencia, poco importa su inteligencia. Y para cumplir con el 'modelo' que la sociedad le impone muchas mujeres llevan la peor de las vidas, detrás de dietas y trabajando sólo para satisfacer sus necesidades de vestuario.
Este es el saldo deplorable de la pretendida liberación femenina que, más que liberar a la mujer terminó convirtiéndola en esclava de toda una forma de consumo. El gran logro del sistema capitalista y consumista que agobia a occidente es precisamente el haber incorporado de lleno a la mujer al ámbito del consumo y la producción. Medítese sino unos breves instantes en todos los productos de esta sociedad que tienen como destinatario a un prototipo de mujer artificial, creado de la nada en las últimas décadas, y que sólo ha alineado a la mujer de su esencia y sus verdaderos valores, convirtiéndola (igual que al hombre), en un ser infeliz insatisfecho y desequilibrado.
No sé qué pensará la bailarina más famosa de la danza del vientre egipcia, Dina, que tras un baile para festejar la graduación del último curso en un instituto privado, ha sido tachada por el gobierno egipcio de:
«Inaceptable e inmoral, tanto dentro como fuera del colegio».

La política y la Guerra Santa.
El Islam es una unidad y ningún asunto humano le es ajeno. En el Islam, la religión, la política, la economía o el gobierno de un estado no están separados, sino integrados en una misma unidad de acción y concepción.
El Islam prescribe entonces la lucha, principalmente en legítima defensa ante la agresión externa que sufra el pueblo islámico. La legítima defensa (de su territorio, de sus bienes y recursos naturales, de su modo de vida, de su libertad y creencias) es un derecho inalienable de toda comunidad así como de todo individuo. Tal lucha, en defensa de valores sagrados como la libertad, la fe y los bienes legítimos, es para el Islam una lucha sagrada, es el Yihád o combate por la Causa de Dios.
El Islam sostiene que la violencia es de dos tipos: aquella que es agresión, injusticia y opresión, y la que con justicia se opone a ellas.
Las sociedades humanas, y la humanidad en su conjunto, son como un cuerpo vivo sujeto a las condiciones dinámicas del desarrollo, la enfermedad, etc. Cuando un organismo extraño penetra en el cuerpo humano, éste se defiende apelando a su sistema inmunológico, ataca al intruso y da cuenta de su presencia con fiebre y otros síntomas. ¿A alguien se le ocurre pensar que esta violencia del cuerpo contra otros seres vivos que pueden alterar su equilibrio y llevarlo a la muerte, es injusta?. Desde luego que no.
De manera análoga las sociedades deben defenderse de aquello que las socava y pretende destruirlas, llámese corrupción o injusticia, violencia, iniquidad, mentira o engaño.
Islam significa paz, y las condiciones para la licitud de la guerra en la ley islámica son muy precisas: debe existir el antecedente de una agresión o una amenaza cierta de ella que ponga en peligro a la comunidad islámica. Jamás los musulmanes fueron agresores, y las ocasionales injusticias de algunos hipócritas y desviados no permiten generalizarlo al conjunto. La orden de Revelación es preferir siempre la paz.
El Islam y los musulmanes son en verdad los agredidos y no los agresores. Y así seguirá siendo mientras haya musulmanes que mantengan en alto la bandera de la justicia, y proclamen la verdad.

Ya supongo que es una metáfora, pero sólo por aclararlo:
Islam no significa "paz", nunca ha tenido tal sentido. Islam significa y siempre ha significado "sumisión".

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