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martes, 14 de julio de 2009

El torero ecologista

De Políticamente Acorrecto

Ermitaño, un auténtico morlaco de Miura con 575 kilos de músculos, ha mandado once personas al hospital, cinco de ellas con heridas por asta de toro, y dos graves. El día anterior, Capuchino, un cornúpeta colorado de 515 kilos, se descolgó de la manada y embistió como una locomotora al chaval de Alcalá. Las calles se convierten en garito de mala muerte donde saltarse a la torera el instinto de conservación, y la muerte provoca más fiesta, como la guerra llama al sexo.

El chaval murió haciendo lo que le gustaba y el país entero decidió rendirle homenaje. Por ejemplo, un aficionado captó sus últimos momentos agónicos, las imágenes pasaron a Cuatro y la tele de PRISA emitió un comunicado avisando que la exclusiva de la muerte en directo era suya. Ojito. El País montaba todo un Requiem del drama televisivo, a lo José Hierro, y sentenciaba lleno de dolor mediático: "nada es más terrible que la agonía. Ahí estaba, rodeada de ruido". No aclara Juan Cruz si se refiere a su ruido, el de su exclusiva.

Parece ser que en Telecinco, a falta de exclusivas sangrientas, llevaron a grandes intelectuales para hablar a favor y en contra de los toros (mejor imaginarlo que verlo). Favorables eran los catedráticos Sánchez Dragó y Belén Esteban, esta última, obviamente, por su autoridad al haberse cepillado un torero. La traca final fue una bailarina en pelotas introduciéndose dos bengalas por el culo, pidiendo que algún voluntario entre el respetable se las encendiera. Cuando Sánchez Dragó estaba a punto de abalanzarse sobre las banderillas, salió alguien y prendió la mecha.
Televisión en estado puro, dice Javier Pérez de Albéniz: "¿Imaginan ese mismo 'show' en Asturias, después de que la bailarina hubiese ingerido tres platos de fabes?" Como cuenta el de soitu, en Telecinco matarían por algo así.

Goya, uno de los artistas más importantes de todos los tiempos, dedicó su serie Tauromaquia a una ceremonia grave y violenta, que es una fiesta reflejo de España, vista por un -dicen- no taurino en una época en que la aristocracia ilustrada quería abolir los toros. Su serie termina con la muerte de Pepe-Hillo en 1801, que conmocionó al país provocando una prohibición fugaz. La moda o lo académico desde hace algún tiempo es tildar a Goya de antitaurino, e interpretar su obra como crítica que identifica al toro con los gabachos... Nada más lejos de la realidad. El toro siempre ha sido España, y no hay más que echar un vistazo al Guernica de Picasso. Si después de ver España protegiendo a su gente, pateada por el caballo de la guerra, les quedan dudas, lean a García Lorca.

Los españoles entrando a todos los trapos, derrotando por izquierda o derecha, buscando las tablas solo cuando la muerte es cierta y dejando muy de tarde en tarde algún momento de gloria eterna que ningún otro Arte puede igualar. El español, como el torero y el toro, se crece con el castigo; por eso somos la única nación donde uno puede declararse abiertamente ecologista, defensor de los animales y taurino.

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